El conde Espina

Abuelo sin que yo lo haya elegido,

Casi hebreo de madre y padre. La hija del conde

Spinosa, mi padre Peroni, que parece que junto

A Peron que no se enteró, somos descendientes

De Bherón-he, sefardíes, que habitaron el norte,

Los cantones de Italia. Tipos de mezcla, la única nobleza

Que acepto. El conde Espina, era libertario, no trabajaba

De otra cosa que él no quisiera. En Calabria, su laburo

Era entrar con el carro hasta los navíos, no había muelles,

Él se encargaba de bajar los pasajeros y navegantes.

No sé cuales pero tendría sus riesgos. Manejo de caballos

Y carro, que nadie me enseño a querer, pero mi mayor anhelo

Fue trabajar con carro y caballo. Lo conseguí.

Pero la historia es del conde. Muchos hijos, varios viajes

A América, donde la esperanza se diluía, él recorría el país,

Mientras los otros esperaban el pasaje, la tierra prometida

No llegaba; el conde se la pasaba de joda en joda y de mina en mina.

En nombre del mercado Sppinetto, se hacía cargo de las cosechas

De fruta, mandaba gente y no había nadie como él que le diese

Al cajón de fruta, un atractivo, una seducción mayor. Elegía

Y donde vos mirabas, eran el ejemplo de las joyas,

Por poco dinero te ibas con la riqueza. Su relación con sus semejantes,

Las gentes que él tenía a cargo, un puto patrón, era como te cuento:

Entraba en los boliches y avisaba, el conde Espina invita a todos.

Así como era de libertario, puto patrón y con mote de conde.

Era de una severidad y de hacerse valer en la autoridad familiar,

Hasta la arbitrariedad. Usaba bota y poncho y si jugabas a las bolitas

Con el taco de las botas demolía aquello que vos querías. Después

Era capaz de regalarte un terreno. Quien carajo lo entendía.

Manufacturaba los lechones, ahumaba, lo que sacaba como producto.

Cocía el pan en el horno de barro. Se daba cuenta si había

Que sacrificar a un perro y como debía hacerlo. Esta misma enseñanza

La encontré en "La historia de San Michele" que enseñaba a obviar

Sufrimientos a los animales. También tenía una prodigalidad y certezas

En la forma de unir las cañas para las plantas de tomates. No sobraba nada

No faltaba nada. Injertaba las plantas, laburaba como con un bisturí,

La incisión precisa, juntaba los brotes y los sostenía con cáñamo.

Pero si tenía cuentas pendientes te lo hacía saber, cortaba al ras,

Sin ningún cuidado, como lo hizo con el olivo de mi padre. Su bronca

Manifiesta quedaba como gráfico, te ibas enterando todos los días.

La bronca era tuya por todo el tiempo que durara el crecimiento,

De cómo se iban conjugando las ramas, en la agresión que se resolvía

Por cuenta de las plantas, de sus savias, el descontrol vino y duro mucho tiempo

Cuando maltratada, como pobres que éramos, se le descuidó en un hospital

A mi abuela, murió y allí cambió la historia de todos. El desarraigo del lugar

La protesta, que no tenía otro lugar que el lugar familiar. Nos fuimos desintegrando

En la agresión y violencia que no pudimos devolver. Nos mudamos mucho

No encontrábamos lugar, y a mí me empezaron a doler los cambios de lugar.

Llorábamos mucho. Como estoy seguro que a quien les han matado hijos

Antes de nacer lo hacen. Mucho dolor donde se inventan destinos

Y dioses que los cobijarán. El conde Espina tenía una frase:

"El infierno yo creo que esta aquí en la tierra".

por Sebastián Peroni