Poema:

Poema: los títulos,

Porqué el justiciero calla

Se hace dueño de toda la desgracia,

Cuando muere él muere la causa

De la desgracia, un lugar familiar

Que la familia no entiende. Él será

Separado, tiene otra función.

Deberá leer la torá o el nuevo testamento.

Sus tareas son la abstracción, dueño

De los presagios y de la solemnidad

No entiende lo ridículo de las funciones.

Un mundo alocado que ha dejado de ser

Orden astral. La propiedad es la comicidad

De heidegger, que prefiere la identidad

De los receptores del préstamo del FMI

Poder de las haciendas, de los horizontes

Inefables. Trágicos, el único lugar

De la tragedia es la nobleza que se expande

En los lugares desocupados, usurpados

A todas las etnias. El justiciero no tiene

Tierra sólo destino que no se explica

En el lugar, otros horizontes están explícitos,

Su huida no será reconocida, es el lugar

Que esta destinado como lugar que no se arraiga

Su sufrimiento será de un solo, el lugar

Trágico que no tiene parientes de su dolor.

No podrá nunca como el suicida, hacer de su gesto

Un lugar a su tristeza, a su dolor, como todos los dolores

No tienen medida, pero él lo resume en un lugar

Que impotente, no podrá llorar nunca ese lugar

Debe cuidar el llanto de los demás, de los que tampoco pueden,

Es un ser que sostiene el surco, que labra, el lugar omitido

Donde él vive. Si se rebela tiene miedo a matar, entonces

Se mata y con su muerte terminarán todas las injusticias.

Un acto que se resuelve en el silencio, que prolongado

Será un lugar más donde es utilizado. No entiende

Sus piernas ni sus manos como mensaje. Busca en otro

Lado, la literatura de sí mismo será ficción que no se entiende

Como tragedia, a lo sumo su silencio tendrá buenas maneras,

Y aliado de esas buenas maneras, no tendrá prioridades

Ni resolución del tiempo de los otros, en ese plano,

El juicio primordial. Será el juicio que no tiene descanso.

El cubilete, donde se remansan los dados. Él es receptor

Que teme herir a los demás de su dolor, sin tener en cuenta

Que la realidad de los movimientos de los seres astrales.

Los movimientos del transcurrir. Es la única salud,

Que nunca deja de tener movimiento, no un bienestar ni paz,

De esa omisión lo gana el cansancio, cuando es actor de sí

No puede conformarse, ni conformar a los demás. Él se acalla

Y en cuanto lo hace, convive en el rastro del suceder.

Es un paso más donde le ha ganado su rastro la voracidad,

Que se supone habrá un lugar, un sitio resguardado de su dolor.

Sin que se dé cuenta que este es también el lugar de los dolores.

La búsqueda del absoluto. Lo hará ser receptor de las protestas

En cuanto él no proteste. El juicio terminal, lo aleja y toma toda

Protesta como una ausencia donde debe resguardarce de toda

Dramaticidad. Lo hiere el drama. Como a todo ser. Pero él no se atreve.

En esa instancia, la ironía, la comicidad con que están explicadas

las relaciones, de los seres, en el envión de la ficción

El quehacer humano, lo trastoca, todos hubiesemos querido, no la falta

No el grotesco donde se manifiesta el ser. Que como ilustración

Es un reaseguro de pureza y cuidado de todo lo que no debe

Ser dramatizado. Su carencia, la carencia general. Que en cuanto

Juicio y culpables que se van delineando en la ausencia, en el miedo de herir.

No puede zanjar el paso de la tragedia al drama. Deberá estudiar mucho

Y pensar en las réplicas de todos los instantes que son plurales.

Nunca hay un solo discurso, sino diversidades, que pueden

Taparse con la mano, pero el agua se filtrará. Si deja en esas instancias

Dejar de ser justiciero y entablar un diálogo con lo imposible,

Habrá perdido el reino, será un hombre más y un lugar donde los libros

Tendrá identidad de hombres, y carencias, el único lugar de la cultura.

Lo demás es sonido y furia. Marcha solemne. Marcialidad desconcertada.

por Sebastián Peroni